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martes, 22 de diciembre de 2009

HONESTIDAD CON LA REALIDAD


Por Carlos Wagner Catalán


Quién se atreve a decir las cosas que realmente piensa de verdad. Fíjese Ud. que el discurso que escucho a diario y en todas partes es uno... pero cuando se trata de decir las cosas a través de los medios de comunicación, decimos algo distinto. ¿Le doy un ejemplo? Cuando yo era muchacho acostumbrábamos –en la escuela-- a mojarnos con saliva la oreja. El que aguantaba que se la mojaran, significaba que no se atrevía a pelear con esa persona, y entonces, debía soportar después la humillación de todos. Y el que no aguantaba, tenía que ir detrás de la estación de ferrocarriles a pelear. Ahí había una lugar especial para eso. Estas peleas eran, por lo menos, unas tres veces al mes. Las recuerdo como una anécdota de la que –hoy día-- me da risa. Quizás alguna vez me las vi feas... pero fue eso, y punto. ¿Eso era bueno? Probablemente no. Pero nunca vi a ninguno de mis compañeros con problemas sicológicos por eso. Hoy eso se llama Bulling... Y si a mi niño lo miran feo, corro de inmediato a tribunales para entablar una demanda. Interesará el niño realmente... o lo que interesa es sacar dinero de la situación? Quizás en mis tiempos más de alguna vez alguien se fue al chancho con el asunto –como seguramente ocurre hoy—pero las cosas eran más simples.
Otro ejemplo. Cuando yo era niño tenía un profesor que cuando no llevaba las tareas –que por desgracia fueron muchas veces—nos daba unos buenos golpes con una barilla de mimbre.. una barilla muy flexible que después de los golpes teníamos que apechugar no más. Pobre que lloraras... eso era de “maricas”. Y si ibas a contarle a tu papá o a tu mamá... te llegaban otros barillazos. .. y más fuerte todavía. Eso era bueno... probablemente no, pero nunca vi a nadie con tratamiento psicológico por eso. Quizás más de algún profe se fue al chancho, pero la mayoría de las veces, puchas que hacían bien los correctivos. Hoy día no sólo iría preso el profesor, también el papá o la mamá por golpear al niño y, además, le quitarían la tuición del muchacho.
Y cuando alguien se le ocurría robar algo, se iba preso. No salía ni la radio, ni los diarios, ni la tele a defender al malandrín. Eran ladrones y punto. No jóvenes con problemas de riesgo social, ni con déficit atencional, ni carentes de afectividad, o como quiera llamársele. Iban presos y punto. Y recuerdo que mi casa pasaba abierta día y noche y jamás hubo que poner alarmas en ninguna parte.
Ahora si Ud. viene y me pregunta de todo esto en una entrevista formal, seguramente le diré, casi con voz de experto en psicología: mire el maltrato infantil lleva a que cuando ese niño sea adulto, sea también un maltratador, por lo tanto usted . debe darle a ese niño un trato especial. Los jóvenes que delinquen traen un problema de formación sociocultural que sólo brindándoles atención y amor podrán salir adelante. Es bueno eso.... probablemente sí, pero puchas que se han complicado las cosas no?
Sé que con este comentario arriesgo que el colegio de psicólogos me fusile.. pero seguramente más de alguno también debe cuestionarse en privado todas estas cosas... El problemas es que muchos están en la educación... y desde un escritorio diagnostican lo que se debe o no se debe hacer con los jóvenes.

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